Una escritura notarial en Guayaquil y una expedición internacional con un astronauta como presidente honorario. Qué consta, qué se discute y qué todavía no puede confirmarse.
Hay lugares que acumulan más relatos que documentos. La Cueva de los Tayos, en Ecuador, es uno de ellos. Cuando se habla de ella aparecen enseguida las grandes preguntas: quién la habitó, qué guarda, qué esconden sus galerías. En el CIO preferimos empezar por una más modesta y más incómoda: ¿qué consta, con fecha y con responsable?
Tomamos dos hitos. No agotan la historia de la cueva, pero ordenan un terreno donde la leyenda suele ir más rápido que la evidencia. Una aclaración de método: ni el texto original de 1969 ni el informe oficial de 1976 están disponibles en la web abierta. Lo que sigue se apoya en la prensa ecuatoriana de la época y en la bibliografía posterior. Es una reconstrucción documentada, no una lectura directa de los documentos.

1969: una escritura en una notaría de Guayaquil
El 21 de julio de 1969 se presentó en la Notaría Cuarta de Guayaquil una escritura con la denuncia de un supuesto descubrimiento. La firmó Juan Móricz (Körmend, 1923 – Guayaquil, 1991), nacido en Hungría y nacionalizado argentino. Según Diario El Universo, la protocolizó ante el notario Gustavo Falconí Ledesma.
Conviene tener claro qué es un documento así. Un notario da fe de que alguien declaró algo ante él, en determinado día. No da fe de que lo declarado sea cierto. Esa diferencia separa un documento de una prueba.
Sobre el contenido, la reconstrucción periodística habla de una biblioteca de metal con la relación cronológica de la historia de la humanidad y los conocimientos de una civilización extinguida. No la ponemos entre comillas, porque dos fuentes secundarias reproducen la declaración con redacciones distintas. Hasta ver el original, no sabemos qué palabras usó realmente.
Hay además una pregunta abierta. El Universo señala que “luego se precisaría” que el hallazgo estaba en las Cuevas de los Tayos, lo que sugiere que la escritura de 1969 quizá no nombraba la cueva. Otras fuentes dicen que sí. Mientras no se resuelva, preferimos no hablar de una “declaración sobre los Tayos”.
También se discute el lugar de Móricz. Gerardo Peña Matheus, abogado y amigo suyo, quien conserva la escritura y publicó en 2011 Historia documentada del descubrimiento de las Cuevas de los Tayos, sostiene que el documento lo convierte en su descubridor oficial. En 1976, en cambio, el Ministerio de Defensa ecuatoriano afirmó que el descubrimiento no puede atribuirse ni a Móricz ni a una ciudad determinada. Una es la palabra de una parte interesada y la otra una posición oficial. Ninguna cierra el asunto.
1976: una expedición y su organizador
En julio y agosto de 1976 se desarrolló la expedición liderada por Stan Hall, ingeniero civil escocés. Reunió a más de un centenar de personas: funcionarios, científicos, espeleólogos y fuerzas especiales británicas. No damos una cifra exacta porque las fuentes no coinciden. Según El Universo, el gobierno británico financió la misión, la Junta Militar ecuatoriana colaboró y el Ejército aportó logística y transporte.
Participó Neil Armstrong, el astronauta, con el título de presidente honorario de la expedición. Algunos sitios turísticos afirman que la “lideró”, y es un error. La iniciativa y la conducción fueron de Hall. Atribuir a cada uno su lugar es parte del respeto que le debemos a la historia.
Tampoco sabemos con precisión cuándo estuvo Armstrong. Una fuente habla de tres días en la cueva, otra de cuatro, y El Universo dice solo “agosto de 1976”. Por eso escribimos “entre fines de julio y comienzos de agosto” y dejamos las fechas exactas para cuando haya fuente primaria.
Sobre los resultados, lo que puede afirmarse es poco y sobrio. La biblioteca metálica no apareció. El primer informe del Ministerio de Defensa concluyó que las cuevas son un monumento geológico y no arqueológico. Hay quien sostiene que en 1976 se ocultaron informes y evidencias. Es la afirmación de un investigador, no un hecho verificado, y la dejamos señalada como tal.
Qué nos dejan dos fechas
Puestos uno al lado del otro, 1969 y 1976 ofrecen un suelo firme: una escritura con fecha, notaría y notario, y una expedición con organizador y presidente honorario identificables. Pero ninguno demuestra las historias extraordinarias que después se les montaron encima.
La duda no es escepticismo de trinchera. Es la disposición a decir “esto consta, esto se discute, esto no lo sabemos”. El discernimiento consiste en no aceptar un relato solo porque está bien contado. Y el respeto alcanza a quienes se internaron en esa cueva y a quien hoy lee y merece que no le vendamos certezas.
Si usted tiene documentos, publicaciones de época o testimonios con fecha y procedencia sobre alguno de estos hitos, nos interesa conocerlos. Escríbanos por WhatsApp: +54 9 3548 40-7783.
Fuentes consultadas: Diario El Universo (ediciones de julio y agosto de 1976, y nota retrospectiva “Cuevas de los Tayos: 50 años de controversias y misterios”); Vistazo (2026); Atlas Obscura, “Cueva de los Tayos”; Stan Hall, Tayos Gold (2007, fuente de parte); Gerardo Peña Matheus, Historia documentada del descubrimiento de las Cuevas de los Tayos (Quito, 2011, fuente de parte).

