Por Arq. Luz Mary López Espitia — Directora del Centro de Informes OVNI

Durante décadas, la ufología usó a los testigos del fenómeno OVNI como material de prueba. Rara vez los trató como seres humanos. Esa deuda sigue sin saldarse.

Hay una pregunta que la ufología como campo rara vez se hace: ¿qué le hicimos a las personas que vivieron algo que no podían explicar y vinieron a contárnoslo?

Desde sus inicios, la investigación del fenómeno OVNI construyó su credibilidad en parte sobre los testimonios de los testigos. Los casos emblemáticos tienen nombres, tienen rostros, tienen historias personales. Y sin embargo, el tratamiento que esos testigos recibieron —no de los medios sensacionalistas, sino de los propios investigadores— es una historia que nadie cuenta con suficiente honestidad.

Hubo testigos que fueron entrevistados una y otra vez por investigadores distintos, sin coordinación entre ellos, obligados a repetir una experiencia perturbadora como si fuera un espectáculo. Hubo testigos cuyo relato fue modificado —sin su consentimiento— para que encajara mejor en la hipótesis que el investigador quería sostener. Hubo testigos que reportaron algo genuinamente confuso, genuinamente inexplicable para ellos, y recibieron a cambio una explicación prefabricada que tampoco les cerraba, pero que nadie les preguntó si aceptaban.

Y hubo testigos que simplemente dejaron de hablar. Que decidieron que el costo personal de sostener su testimonio —la burla, la duda pública, la reducción de toda su experiencia a un dato en una base de datos— era demasiado alto. Y los perdimos. Perdimos su información. Perdimos la posibilidad de entender algo que tal vez era importante.

El CIO Uritorco tiene una posición clara sobre esto desde su fundación: el testigo no es una fuente de datos. Es una persona que atravesó algo significativo. El primer deber del investigador no es extraer información —es escuchar. Y escuchar de verdad implica crear las condiciones para que el testigo pueda decir exactamente lo que vivió, incluyendo las partes que no encajan, incluyendo las contradicciones, incluyendo el miedo o la vergüenza que muchas veces acompañan a este tipo de experiencias.

La metodología importa aquí tanto como en cualquier otro aspecto de la investigación. Una entrevista mal realizada no solo pierde información: la contamina. Las preguntas dirigidas producen respuestas dirigidas. La presión para confirmar una hipótesis produce testimonios que confirman esa hipótesis aunque no sean exactos. Y ese material contaminado entra después en los catálogos, en los libros, en los programas, y se convierte en «evidencia» de algo que quizás nunca ocurrió exactamente así.

El 2026 debería ser el año en que el campo de investigación seria del fenómeno OVNI se haga una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que creemos saber está construido sobre testimonios que fueron mal tomados, mal interpretados o directamente manipulados? No con intención maliciosa necesariamente — con urgencia investigativa, con entusiasmo, con la presión de querer tener un caso sólido.

Los testigos merecen algo mejor que eso. Merecen investigadores que lleguen sin hipótesis previas dominantes. Que escuchen antes de clasificar. Que devuelvan al testigo el control sobre su propia experiencia. Que digan, cuando corresponde: lo que usted vivió no encaja en ninguna categoría que conozcamos, y eso es exactamente lo que queremos documentar.

Esa es la ufología que el CIO Uritorco practica. La que pone al ser humano antes que al caso. La que entiende que la verdad sobre el fenómeno, si algún día la conocemos, va a llegar a través de personas. Y que tratar bien a esas personas no es un gesto ético secundario — es metodología.

 

Arq. Luz Mary López Espitia

Directora — Centro de Informes OVNI

Capilla del Monte, Córdoba, Argentina — Junio de 2026

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