El año 2025 nos encuentra inmersos en un cotidiano donde los acontecimientos se suceden entrelazados, superpuestos, generando un modo cambiante en cuestión de días, que bien podríamos llamar CIO. La falta de turistas, a quienes estábamos acostumbrados en nuestra sala, se suma a este panorama, obligándonos a dibujar el día a día con momentos creativos, siempre con la premisa de que el objeto del CIO ha de estar vivo. Es en esta vorágine que nuestra propia editorial casi queda «entre papeles», una muestra palpable de cómo el dinamismo del presente afecta incluso nuestra capacidad de comunicar. Paradójicamente, a pesar de pretender ser diferente, la actualidad de ciertos temas sigue quedando en un relato que no cambia.

La justificación para esta fecha es contundente y se cimenta en un acontecimiento clave: el 24 de junio de 1947, cuando el piloto Arnold volaba un CallAir A-2 de Chehalis a Yakima, Washington. Viajaba por negocios y se desvió un poco tras enterarse de una recompensa por un avión de transporte C-46 estrellado cerca del Monte Rainier. El cielo estaba completamente despejado y había poco viento. Unos minutos antes de las 15:00, a unos 2800 m (9200 pies) de altitud cerca de Mineral, Washington, Arnold abandonó la búsqueda y, al emprender el vuelo hacia el este, vio un destello similar a la luz del sol reflejándose en un espejo. Temiendo estar peligrosamente cerca de otra aeronave, observó a su alrededor, pero solo vio un DC-4 a unos 24 km de distancia. Unos 30 segundos después del primer destello, Arnold vio una serie de luces brillantes a lo lejos, a su izquierda, al norte del Monte Rainier. Aunque inicialmente pensó que podrían ser reflejos en las ventanas de su avión, tras realizar pruebas como balancear el avión, quitarse las gafas y bajar la ventana, lo descartó. Las reflexiones provenían inequívocamente de objetos voladores.
Este relato exacto, que exponemos aquí, podría y debería ser oficializado para darle forma al día del OVNI. En lo que respecta a nuestra tarea editorial, entendemos que los relatos más exactos de la temática ofrecen suficientes evidencias para sumarnos al estudio de estos temas con compromiso y de manera sensata. Es un llamado ineludible a la seriedad y al reconocimiento de aquellos que, desde su experiencia profesional, han sido testigos de lo inexplicable, contribuyendo a una comprensión más profunda y rigurosa de la realidad que nos rodea.