EDITORIAL JUNIO
Arq. Luz Mary López Espitia — Directora CIO Uritorco

Nuestra sala del CIO acumula innumerables experiencias. Historias, testimonios, preguntas y reflexiones expuestas por distintos pasajeros de este tiempo; personas cercanas a nuestro mundo, donde el tema de los OVNIs invita permanentemente a compartir, debatir y cuestionar.
Sin embargo, con el paso de los años, la escena pareció reducirse peligrosamente a una sola idea: la del extraterrestre como respuesta automática y definitiva. El “yo creo” terminó ocupando el espacio donde debería existir el análisis profundo. Y en medio de ello, casi desaparecieron los foros serios, los debates reales y los contenidos desarrollados con la amplitud que esta temática merece.

Quizás sea justamente la palabra debate la que debamos volver a poner en escena en estos tiempos de confusión.
El verbo debatir, proveniente del latín debattuĕre, significa discutir un tema con opiniones diferentes, pero también luchar o confrontar ideas. La Real Academia Española señala que debate y discusión son sinónimos cuando se trata del examen de una materia entre dos o más personas que exponen distintos puntos de vista.

Pero vivimos una época donde opinar pareciera alcanzar para construir una verdad.

La opinión, entendida como juicio o valoración respecto de algo, muchas veces carece de fundamentos, referencias o estudio. Y cuando una sociedad prioriza únicamente lo que cada uno “cree” sin sostén metodológico, queda muy lejos de cualquier debate serio que permita comprender fenómenos complejos.

El mal llamado “fenómeno OVNI” atraviesa hoy precisamente ese escenario. Opinar sin saber se ha convertido en una práctica cotidiana alimentada por redes sociales, titulares fragmentados y narrativas mediáticas que reducen el problema a una caricatura simplificada.

Desde el Centro de Informes OVNI creemos necesario resignificar la atención que merece esta temática.

En nuestra propuesta Alternativa Extraterrestre hemos señalado repetidamente cómo la desclasificación de archivos, el contexto geopolítico y el rol de los medios de comunicación terminan concentrando el foco en una sola narrativa impulsada principalmente desde los Estados Unidos, achicando la perspectiva global del fenómeno.

Desde la década de 1950 se fue ordenando de manera sistemática un relato muchas veces alejado de la complejidad real de lo que sucede en todo el planeta. Resulta desafortunado que incluso personas que se presentan como investigadores acepten esa escena limitada, cuando el fenómeno exige justamente lo contrario: una mirada de 360 grados, cuidadosa y metodológica, antes de asegurar, concluir o transformar titulares en certezas absolutas.

Los grandes referentes históricos del estudio OVNI dejaron suficientes bases documentales y metodológicas como para trascender el simple panfleto o el consumo superficial de información. Y es aquí donde la ciencia comienza a recuperar un valor fundamental.

Trascender el fenómeno implica abandonar el acto de fe ciega y recuperar el pensamiento crítico. Implica comprender que estamos frente a algo que aún desconocemos profundamente.

Hoy más que nunca se vuelve necesario construir metodologías de estudio rigurosas. Como anticuerpo frente al desorden mental de esta época. Como antídoto frente al espectáculo permanente. Porque si realmente queremos abordar el tema OVNI con seriedad, debemos exigir más responsabilidad, más documentación y más respeto por parte de quienes comunican.

Mientras tanto, otros actores del escenario —contactados, abducidos, creyentes y figuras del entretenimiento temático— continúan expandiendo relatos que muchas veces asumen como propios, sin advertir que terminan reproduciendo narrativas diseñadas desde espacios de poder y construcción cultural altamente sofisticados.

Quienes conocen nuestra tarea desde los inicios saben que el CIO ha denunciado históricamente a los verdaderos poderes planetarios que operan detrás de múltiples discursos contemporáneos. Por eso no podemos aceptar pasivamente un juego donde se pretende imponer reglas sin documentación seria, mientras en distintas partes del mundo comienzan a abrirse archivos y cajas de Pandora que exigen revisión profunda.

El tema OVNI merece ser tratado como un asunto serio de atención humana, lejos de la pintura fantástica, lejos del fanatismo y lejos de las figuras de creencia que simplifican una problemática enormemente compleja.

Quizás el desafío de este tiempo no sea creer más.
Quizás el verdadero desafío sea aprender nuevamente a pensar.

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