Análisis del CIO Uritorco sobre la decisión del gobierno de Estados Unidos de abrir nuevos archivos clasificados y lo que eso realmente significa.
Por Arq. Luz Mary López Espitia · Directora CIO Uritorco | 8 de mayo de 2025
Un aplauso que merece pausa
El viernes 8 de mayo de 2025, la administración Trump anunció la apertura de nuevos archivos clasificados sobre el fenómeno OVNI. Las redes sociales explotaron. Los titulares proliferaron. El entusiasmo, como siempre, corrió más rápido que el análisis.
Desde el CIO Uritorco, con 27 años de investigación acumulada y más de tres décadas conduciendo el programa Alternativa Extraterrestre, nuestra primera reacción no es el aplauso. Es la pregunta.
¿Qué hay realmente en esos archivos? ¿Qué queda fuera? ¿Por qué ahora? Y sobre todo: ¿en qué contexto geopolítico se produce esta apertura?

La mirada que se olvidó del mundo
El debate global sobre la desclasificación de archivos OVNI está focalizado casi exclusivamente en Estados Unidos. Es comprensible: tienen los recursos mediáticos, la influencia geopolítica y la capacidad de instalar narrativas a escala planetaria. Pero esa concentración tiene un costo: invisibiliza décadas de trabajo serio realizado por otros países.
Lo que muchos desconocen es que el mundo de la desclasificación de archivos OVNI nació en la década de 1970 —en España— y se fue extendiendo progresivamente por distintos países de Occidente, cada uno respondiendo a sus propias circunstancias políticas e intereses institucionales. Francia, el Reino Unido, Chile, Uruguay, Argentina, Brasil: todos han abierto expedientes en distintos momentos. Todos con metodologías, criterios y niveles de seriedad diferentes.
Ignorar esa historia es, en el mejor de los casos, desinformación. En el peor, es cómplice del relato que concentra en un solo actor el poder de definir qué es el fenómeno OVNI y cuánto merece saber la sociedad.
El cuentagotas como estrategia
Lo que hizo Trump el 8 de mayo no es inédito ni rupturista. Es la continuación de una práctica que han ejercido prácticamente todas las administraciones estadounidenses desde los años 50: abrir algunos archivos —los que conviene abrir— mientras se guardan los que más importan.
El mecanismo del cuentagotas tiene una lógica muy concreta: satisfacer la demanda pública y legislativa con un gesto de apertura, sin comprometer información que verdaderamente altere el statu quo. Hay congresistas que llevan años solicitando acceso real a los archivos. La respuesta es siempre la misma: un poco más, pero nunca todo.
Celebrar eso sin contexto es, en términos informativos, una ingenuidad costosa.
OVNI en tiempos de guerra: una agenda que no es inocente
El timing de esta desclasificación no es casual. Estamos en un período de alta tensión geopolítica global, con conflictos activos, disputas de poder entre grandes potencias y elecciones en el horizonte inmediato. En ese escenario, retomar con fuerza el tema OVNI —con toda su carga de misterio, tecnología avanzada y amenaza potencial— cumple varias funciones al mismo tiempo.
Reconstruye imagen presidencial. Desplaza la atención de otros temas. Posiciona a Estados Unidos como el actor que «tiene la información» frente a sus rivales estratégicos. Y alimenta una narrativa de amenaza externa que puede ser muy útil para justificar inversión militar y cohesión interna.
El fenómeno OVNI ha sido utilizado como herramienta de guerra psicológica desde los años 50. Quien no contempla esa dimensión a la hora de leer una desclasificación, no está leyendo el fenómeno: está siendo leído por él.
Los medios: cómplices de la confusión
Los medios de comunicación masivos han cumplido un rol previsible: difundir sin analizar, amplificar sin contextualizar. El resultado es una audiencia que consume el fenómeno OVNI sin base de datos, sin historia, sin criterio metodológico.
La investigación seria —aquella que cruza física, ciencias sociales, análisis documental y testimonio de calidad— no tiene casi espacio en los medios. Lo que tiene espacio es el espectáculo: el video viral, la declaración impactante, el titular que vende ansiedad.
Esta alquimia perfecta entre desinformación mediática y audiencias sin herramientas críticas es el terreno en el que prospera la confusión. Y la confusión, en un tema de esta trascendencia, tiene consecuencias reales.
Jacques Vallée y la advertencia que sigue vigente
Para entender por qué importa tanto el origen de la narrativa, vale recordar a Jacques Vallée —astrofísico, informático y uno de los investigadores más rigurosos del fenómeno— quien denunció hace décadas que buena parte de lo que se presenta como «fenómeno OVNI» responde a una construcción deliberada, alejada en muchos casos de eventos genuinos.
Vallée no niega el fenómeno. Lo estudia con más rigor que la mayoría. Pero advierte contra la trampa de aceptar sin crítica la narrativa oficial, porque esa narrativa tiene autores con intereses específicos.
Esa advertencia, formulada hace más de cuarenta años, es hoy más pertinente que nunca.
Lo que el CIO propone: criterio antes que entusiasmo
Desde el CIO Uritorco no proponemos ignorar la desclasificación del 8 de mayo. Proponemos leerla bien.
Eso significa ir a las fuentes. Cruzar los archivos con lo que ya se sabía. Preguntar qué falta. Identificar a quién beneficia cada revelación y en qué momento. Construir criterio antes de construir conclusiones.
El fenómeno OVNI merece seriedad. No es entretenimiento, no es política de imagen y no se agota en lo que un gobierno decide mostrar.
La Realidad Extraterrestre —si existe y hay razones fundadas para creer que sí— es demasiado grande e importante como para dejarla en manos de la narrativa del Imperio.
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