Nuestra editorial de febrero
Caminamos un escenario de guerra en cada esquina de este maravilloso planeta.
Mirar el camino andado por nuestra humanidad —esa humanidad de humanidades— nos confronta con un presente que ya había sido advertido. No se equivocaron quienes señalaron las falsas banderas, las cortinas de humo, los eufemismos repetidos como mantra en las décadas de los noventa.
Hoy, en 2026, se repiten los titulares.
Se repiten los actores.
Se repite el guion.
Y el fenómeno ovni —tema trascendente para la conciencia humana— vuelve a ser utilizado como espectáculo.
El llamado “fenómeno OVNI” ingresó en el escenario mediático no solo con presidentes y agencias oficiales, sino también con personajes funcionales a una narrativa que simplifica, banaliza y entretiene. Como si el misterio del universo pudiera reducirse a un eslogan viral.
Jacques Vallée advirtió hace décadas:
“El fenómeno no es simplemente una visita extraterrestre. Es un sistema que interactúa con la conciencia humana.”
Y también señaló algo que hoy resuena con fuerza:
“Estamos ante un fenómeno que manipula las creencias humanas más profundamente que cualquier propaganda.”
Vallée insistió en que el problema no es solo lo que vemos en el cielo, sino cómo esa experiencia es administrada, interpretada y utilizada culturalmente.
En 2026 el debate no es si existen o no UAP.
El debate es: ¿quién controla el relato?
Porque cuando el misterio se convierte en circo, el conocimiento se convierte en distracción.
La gente común —sin tiempo para documentarse, sin espacio para pensar críticamente— queda atrapada en narrativas prefabricadas. Se alimenta de fragmentos. De filtraciones cuidadosamente dosificadas. De escándalos que duran una semana.
Vallée también escribió:
“El fenómeno ha actuado como un sistema de control, moldeando sistemas de creencias a lo largo de la historia.”
Si eso es cierto, entonces la pregunta urgente no es tecnológica. Es ética.
¿Estamos frente a un fenómeno físico?
¿Psicológico?
¿Interdimensional?
¿Un espejo de nuestra evolución?
Lo que sí sabemos es que el reduccionismo —ya sea militar, comercial o conspirativo— empobrece el debate.
Un tema profundo se convirtió en entretenimiento.
Un misterio milenario reducido a contenido de consumo rápido.
Un escenario diseñado para que no pienses por ti mismo.
Pero el verdadero desafío del 2026 no es desenmascarar actores.
Es recuperar el discernimiento.
El CIO sostiene que el fenómeno debe abordarse con:
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Rigor documental
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Memoria histórica
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Espíritu crítico
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Apertura intelectual
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Y una ética que priorice la conciencia sobre el espectáculo
Porque como también advirtió Vallée:
“La explicación más interesante no es necesariamente la más simple.”
El momento histórico es crítico.
Geopolítica, inteligencia artificial, conflictos, manipulación mediática y ahora una narrativa renovada sobre UAP.
Nada de esto es casual.
El fenómeno ovni no puede ser tratado como dulzura para el rebaño ni como distracción ante crisis mayores.
Debe ser comprendido en su complejidad.
Febrero de 2026 nos encuentra en una encrucijada.
No todo lo que brilla es revelación.
Pero tampoco todo es mentira.
El verdadero contacto comienza cuando pensamos por nosotros mismos.
— Centro de Informes OVNI

